Zapatillas Bestard Ruta en el Volcán Sierra Negra 4580m (Mexico)
MI EXPERIENCIA EN EL VOLCÁN SIERRA NEGRA
Por Pascual Fuster
INTRODUCCIÓN
En esta ocasión, me había propuesto subir la montaña más alta de México, que al mismo tiempo es el volcán más alto de América del Norte, el Orizaba o Citlaltépetl para los nativos, de 5636 m. Tenía un doble atractivo, por una parte, conseguir el reto de subir una preciosa montaña y por otra conocer un país fascinante al que hacía mucho tiempo quería visitar.
La experiencia me decía que ascender una montaña como el Orizaba requería una buena y progresiva aclimatación a la altura y me imaginé que para la marcha de aproximación y la ascensión a alguna montaña próxima iba a necesitar unas zapatillas ligeras que me permitieran caminar por terreno variado de una forma cómoda que además no me supusieran el aumento de volumen y peso en mi equipaje.
Desde hacía mucho tiempo, me había mantenido fiel a la marca Bestard, con sus botas he ascendido montañas en todo el mundo.

El año pasado subí el volcán Tunupa de 5432 m., el pequeño Alpamayo de 5430 m. en el macizo Condoriri de la cordillera Real y el Huayna Potosí de 6090 m en Bolivia con las botas Advance K pro. El Cervino lo subí con las botas Trek Alpine FF. Las botas Alpine Lite K, las he elegido para montañas más frías, con ellas, he subido el Sajama 6542 m. en Bolivia, el pico Lenin 7134 m. en Kirguistán y por fin la última experiencia, el Orizaba de 5640m.
Así que busqué entre la variedad de zapatillas de Bestard unas que reunieran las características que buscaba para la fase aclimatación antes del ascenso al volcán Orizaba. Debian tener suela Vibram para darme un buen agarre y además ser impermeables, de entre todas ellas elegí las zapatillas Ruta de Bestard, resistentes, cómodas y robustas a la vez.
La progresiva marcha de aproximación que me había imaginado, resultó ser muy diferente, los guías de montaña que habíamos contratado, nos tenían reservada una sorpresa, nada más llegar al albergue situado en el pueblo de san Miguel de Zaopán, nos llevaron al volcán de Sierra Negra de 4580 m., situado junto a su hermano mayor el Orizaba, la aclimatación a la altura debía ser rápida, la temporada de subida al Orizaba se terminaba y pronto iban a llegar las tormentas y nevadas, los guías y agencias ya habían recogido el Campo Alto del Orizaba y pronto recogerían el Campo Base.
Mayor sorpresa fue el hecho de que el día amaneció con una insólita nevada en cotas bastante bajas, los propios guías se extrañaban de que el tiempo de nevadas se hubiera adelantado tan pronto en el año. Como únicamente llevaba las zapatillas Ruta, decidí complementarlas con unas polainas y encarar el Sierra Negra hasta donde pudiera.
Debo decir que en ningún momento tuve sensación de frío en los pies a pesar del espesor de nieve acumulado y del desapacible tiempo que nos hizo, con fuertes rachas de viento y niebla continua. La ascensión fue desarrollándose sin contratiempos, con tranquilidad, en todo momento, mantuve los pies secos gracias al Gore-Tex y a la piel serraje y cordura hidrófugos, hasta alcanzar la cima.
La experiencia resultó muy provechosa, con esa ascensión conseguí aclimatar bastante bien a la altura de una forma bastante rápida, aunque tuve que tomarme una aspirina para el dolor de cabeza que me suele dar cuando la aclimatación es muy rápida. Puedo decir que este sencillo remedio es muy útil, siempre y cuando el mal de altura no se manifieste de una forma más severa, pues el principio activo de la aspirina, contribuye a licuar la sangre y palía los síntomas del mal de altura, si a eso añadimos una correcta y abundante hidratación tendremos mucho ganado.
A la mañana siguiente, ya estábamos en el Campo Base del Orizaba, donde dormimos en tiendas de campaña a 4200 m., los paseos de rigor hasta el refugio de Piedra Grande para continuar con la aclimatación, también los hice con las zapatillas Ruta, no era cuestión de ponerme unas pesadas botas aunque el entorno tuviera cierto espesor de nieve.
El Orizaba, imponente, altivo, cargado de nieve como pocas veces se veía nos esperaba, saber que solo vas disponer de una oportunidad, te pone en guardia provocando los nervios que te espolean por dentro, nervios que debes dominar y utilizar a tu favor.
La preciosa ascensión, el maravilloso amanecer sobre el glaciar cimero vislumbrando la sombra en forma de cono sobre el altiplano que nos rodeaba, llegar al borde del cráter y la emoción de llegar a su cima, permanecerá en mi memoria siempre. Estas experiencias y sensaciones me impulsan a mis 66 años a seguir queriendo ascender montañas.
