Barranquismo en Isla Reunión por un grupo de Mallorca
Ocho días, una isla volcánica y decenas de metros de paredes de agua y basalto
El viaje a la Île de la Réunion ha sido mucho más que una prueba de material: ha sido una experiencia de conexión con la naturaleza, con los materiales técnicos y con los compañeros de aventuras.
La Île de la Réunion es uno de los destinos más exigentes para poner a prueba cualquier equipo de montaña. Durante ocho días de intenso descenso de barrancos, pudimos comprobar hasta dónde llegan las prestaciones de las Bestard Canyon Guide (con la nueva suela que mejora la evacuación del agua) y las Bestard Wildwater Pro en condiciones de humedad constante, barro que sobrepasaba las botas hasta casi las rodillas, rocas resbaladizas y desniveles. En esta reseña comparto cómo han respondido día tras día, y qué las hace (o no) ideales para este tipo de aventura.

Ni las más de veinticuatro horas de avión pudieron con las ganas de explorar. Nada más tocar tierra, nos dirigimos hacia el primer reto: Fleurs Janes, con su vertical final de cien metros, completamente volada La Chapelle, y un retorno durísimo de más de dos horas.
Al día siguiente toca Bras Rouge integral, más acuático que el día anterior con tonalidades rojas de la roca espectaculares, con aproximación por selva espesa que nos pone los cinco sentidos para encontrar el acceso…y la salida.
Tercer día y tercer barranco, un categoría, Takamaka 1. Un espectáculo digno de Jurassic Park para rodar una secuela de la película, con su regreso con veintisiete tramos de escaleras para poder superar su desnivel de retorno.
El cuarto día continuamos, esta vez con Dudu. Aquí dudamos de lo que más nos ha gustado, si el barranco o el retorno, con pasos de cuarto superior de escalada, escalones clavados en las paredes verticales, aferrados a las raíces de los árboles… una caminata de vuelta que deja recuerdos, en definitiva, pura alegría.
Llevamos cuatro días en la isla, cinco de trayecto contando la ida, y nuestros cuerpos necesitan descansar, comer bien, recuperar energía y… cómo no, secar un poco el material, ya que los próximos tres días los dedicaremos a dos barrancos cinco estrellas elegidos para este viaje.
Volvemos a la actividad dirigiéndonos hacia el Ravine Blanch y su cascada de casi 310 metros. Pero no es sólo el barranco, la aproximación de casi cuatro horas dentro de selva espesa y con barro hasta las rodillas nos hace estar atentos para encontrar el camino, suerte del track que llevamos al GPS, sino todavía estaríamos buscando. Once horas de actividad terminando exhaustos nos hacen decidir descansar al día siguiente.
Aprovechamos el segundo, y último, día de descanso para preparar la estrategia del día siguiente, ya que nos dirigiremos hacia el barranco de los barrancos: Trou de Fer per Bras Mazerin.
El último día empieza muy pronto, bien organizado y preparado. Llevamos mucho material y nos enfrentamos a la estrella de la corona de la isla. Vamos cumpliendo el timming marcado, incluso algo mejor, gestionamos la gran vertical ‘volada’ de Brazo Mazerin y continuamos adelante, hacia la Caverna del Minotarure. Lo que la mayoría de guías, blogs e información existente nos indican que el barranco se hace en deux jours lo acabamos haciendo en poco más de catorce horas, reventados, pero dormimos en casa duchados y calentitos.
Último día para secarlo todo, el material mojado pesa más y no podemos sobrepasar los 23kg que debe pesar el petate de vuelta. Nos quedamos con las ganas de poder ir a hacer Cap Blanc, barranco mucho más acuático y no tan vertical, pero éste, como otros, tendrá que esperar a que volvamos. Regreso a casa y al día siguiente a la realidad de volver a los puestos de trabajo, con energía vacía pero espíritu lleno, satisfechos y contentos de lo que hemos hecho.
En resumen
Estuvimos ocho días en la isla (sin contar ida y vuelta) realizando seis barrancos, con una media de casi 9 horas diarias de actividad, siendo el día más corto el primero con cinco horas y el más largo el último con 14 horas y veinte minutos.
Utilizamos 400 metros de cuerda de 9 mm repartidos en 2×115, 1×85, 1×45, 1×25 y 1×15. Las recuperamos todas a excepción de la de 25 metros (quedó en algún lugar del Trou de Fer sin darnos cuenta) y un corte a la de 85 metros ¡EN EL ÚLTIMO RESALTO DEL TROU! que cortamos finalmente con una de 55 y otra de 25 metros.
Llevamos dos modelos de botas de barrancos: Canyon Guide (con la nueva suela) y Wildwater Pro.
Perdimos más de 2kg de peso de media.


Ocho días inmersos en la naturaleza salvaje del Île de La Réunion dan para mucho más que una simple aventura. Entre paredes de basalto, saltos de agua de decenas de metros y ríos que te tragan con su fuerza tropical, hemos descubierto no sólo la belleza de un territorio único, sino también los límites —y fortalezas— de nuestro equipo. Las Bestard Canyon Guide y las Bestard Wildwater Pro han sido nuestra conexión directa con un terreno tan duro como fascinante: humedad constante, superficies resbaladizas y largas jornadas de descenso que exigían adherencia, protección y comodidad sin concesiones.
Desde el primer paso dentro del primer barranco hasta el último salto al Trou de Fer, cada movimiento era una prueba real. Allí, donde cualquier error puede significar mucho, entendimos porqué estas botas son una referencia entre quienes vivimos el barranquismo como una manera de explorar el mundo.
Cada jornada comenzaba con un camino abrupto entre vegetación densa y terminaba con horas en el agua, descendiendo torrentes infinitos, superando rocas pulidas y rampas de basalto cubiertas de una capa de musgo tan bonita como traidora. Las condiciones de humedad eran constantes, y es aquí donde las Bestard demostraron su verdadero carácter: la excelente adherencia de la suela se convertía en un seguro de confianza en cada paso, incluso cuando la roca parecía deslizarse bajo los pies.
La protección del tobillo y la robustez fueron clave en los tramos más técnicos, donde los golpes de piedra o los roces podían ser inevitables. Pese a la intensidad del descenso, la sensación de comodidad interna se mantuvo constante, gracias a un preciso ajuste que permitía seguridad sin rigidez. Después de jornadas largas, con horas en el agua, valoré especialmente el drenaje eficiente y el rápido secado: un detalle que, cuando la humedad es tu compañero de viaje permanente, marca la diferencia entre acabar el día con los pies castigados o preparado para el siguiente reto.
A medida que avanzaban los días -y que el cansancio se acumulaba-, empecé a apreciar la sensación que te da un material que no falla. Las Bestard no son botas ligeras en el sentido minimalista, pero sí equilibradas: ofrecen la seguridad de un calzado técnico de montaña con la movilidad que exige el movimiento en el agua. En un entorno en el que la naturaleza pone a prueba cada detalle, esta combinación se convierte en tu mejor aliado.
Mirando atrás, podría hablar de la adrenalina del Trou de Fer o de la belleza intacta de los barrancos de Takamaka 1, pero lo que me queda es la sensación de confianza absoluta. Saber que, pase lo que pase, el material responde. Y en barranquismo —como en la vida— esto lo es todo.
Aún recuerdo el momento en que saqué las botas de la mochila al llegar a casa después del viaje: sucias pero intactas, esperando poder volver a salir a descubrir nuevos barrancos. Durante más de una semana el descenso de barrancos puso a prueba no sólo nuestra resistencia, sino también el material que nos acompañaba (botas, cuerdas, mosquetones, neopreno…), auténtico aliado en un terreno tan exigente como espectacular.
Hemos vuelto todos, hemos vuelto sanos, hicimos lo que queríamos hacer, hemos vuelto amigos.







