Actividades alrededor del Cervino – Pascual Fuster
INTRODUCCIÓN
El Cervino para los italianos o Matterhorn para los suizos, es la montaña perfecta, la montaña que dibuja cualquier niño al que le pidas que dibuje una montaña, afilada, piramidal y con nieve en su parte superior.
Ya hacía mucho tiempo que soñaba con escalarla, durante años había estado realizando expediciones de alta montaña exigentes McKinley o Denali en Alaska, Aconcagua en Argentina, Cotopaxi y Chimborazo en Ecuador, Pico Lenin en Kirguistán y una larga lista. También hacía unos años que practicaba escalada en roca semanalmente con amigos y sentía que había llegado el momento de combinar ambas experiencias, altura con escalada y como no el Cervino aparecía como la montaña perfecta.

El halo de misterio que la rodea desde que durante su primera ascensión cayeran al vacío cuatro de los sietes integrantes de la cordada. La competición que establecieron en 1865 Whymper y Carrel ascendiendo cada uno desde una vertiente diferente, ha supuesto un mayor atractivo para cualquier montañero.
Con una forma absolutamente piramidal, el Cervino presenta cuatro caras y cuatro aristas que convergen en una afilada arista de 85 metros de largo que une sus dos cimas; la italiana u oriental que es la más baja (4.476,4m) y la suiza es la más alta (4.477,5m).
Enclavada en el Valais, la población de Zermatt es la más cercana por la parte suiza; por el lado italiano, Breuil-Cervinia, en el pasado llamada sólo Breuil.
ELECCIÓN MATERIAL
Para la ascensión del Cervino, me planteé inmediatamente la elección del material más apropiado, para ascender escalando y trepando 1200 m. de desnivel desde el refugio Hörnli y descender después, debía pensar en un material ligero que cumpliera con todas las exigencias necesarias.
Debía de renovar mi casco, mochila y botas. Sobre el casco y la mochila no profundizaré, pero básicamente la elección se basó en que fueran más ligeros y al mismo tiempo cumplieran su función con facilidad.
Para la elección de las botas puse mi mente en blanco, aunque ya había experimentado con éxito en otras expediciones con botas Bestard, en esta ocasión quise empezar desde el principio e investigar entre las marcas existentes, que botas iban a cumplir mis expectativas. Debían de ser ligeras, resistentes, aptas para la colocación de crampones semiautomáticos con seguridad, tener suficiente aislamiento térmico en caso de mal tiempo y libertad de movimientos y adherencia al moverme por la roca.
Después de un detenido estudio de mercado, me decidí por las botas Bestard Trek Alpine FF. Solo pesan 1350 grs /par y reúnen el resto de mis exigencias.

ACTIVIDADES REALIZADAS
La experiencia me decía que para ascender una montaña como el Cervino con sus 4480 m., requería una concienzuda preparación física y una buena aclimatación a la altura, así que en agosto del 2020, en plena pandemia, junto con mi pareja Inmaculada García, nos “escapamos” hacia Pirineos y en completa autonomía realizamos un precioso trekking circular de cinco días por el Parque Nacional de Ordesa.
Estando en Pirineos, nos llegó la noticia de que iban a cerrar la frontera en Suiza debido a la pandemia, así que sin interrupción, corrimos hacia Suiza y conseguimos cruzar la frontera justo la noche anterior a su cierre.
Ya en Suiza, los dos ascendimos en primer lugar el Allalinhorn (4010 m.), precioso y fácil cuatromil, con el fotogénico glaciar Trift, al que se accede en poco tiempo desde la estación del teleférico que utilizan los esquiadores durante todo el año. En esta montaña, solo encontramos alguna pequeña grieta fácilmente salvable. Las vistas fueron espectaculares y la actividad iba haciendo su efecto en nuestra aclimatación.
Montaña más técnica y peligrosa fue la siguiente que ascendimos, nos dirigimos al Weissmies (4023m.), la verdad que nos causó mucho respeto, pasamos por debajo de los enormes seracs colgados al vacío sin pestañear, siguiendo un recorrido laberíntico entre ellos esquivando grandes grietas que en ocasiones debimos de saltar clavando el piolet en el borde del otro lado.

Al día siguiente, sin tregua, contacté con un guía de montaña con el que ya tenía concertado que me acompañaría en la ascensión al Cervino, y nos dirigimos al Lagginhorn (4010 m.), famoso por su preciosa arista este, donde nos probamos. Se trata de una arista muy aérea con pasos de escalada en roca de grado IVº y numerosas trepadas y destrepadas con rapeles y descuelgues de hasta 25 metros. La experiencia fue muy gratificante, entre nosotros hubo buena sintonía y me ayudó a tomar la suficiente confianza de que sería capaz de escalar el Cervino.
Por fin llegó el día en el que me iba a dirigir hacia el Cervino, Inma nos acompañó hasta el refugio Hörnli donde pasamos la noche, la previsión del tiempo era buena para el día siguiente aunque cuando llegamos al refugio una densa nube nos impedía ver la parte superior de la montaña. Yo estaba impaciente por conocer el tipo de roca al que me tendría que enfrentar, así que le pedía al guía que empezáramos a escalar el Cervino esa misma tarde hasta donde consideráramos conveniente para familiarizarme con la roca. Estuvimos un buen rato escalando el Cervino “antes de hora” y cuando nos pareció nos dimos la vuelta para pasar la noche en el refugio. Esto también me ayudó a que mi confianza creciera y los miedos e inseguridades desaparecieran.

El guía ya me había advertido de que a las 12 de la noche cuando estuviéramos desayunando, se establecería un orden jerárquico para la salida del refugio cuando se abriera la puerta. La noche anterior los guías suizos nombraron un cabecilla que sería el que daría la salida. Comprendí que el orden de salida era importante, pues los primeros en la ascensión pueden tirar involuntariamente piedras sobre los que suben por debajo. Durante el desayuno, me situé en un lugar lo más próximo posible a la puerta y sin quitar ojo del líder elegido. Cuando vi que se levantaba para dirigirse hacia la puerta, un resorte me levantó y cogí uno de los primeros puestos de salida. De noche, la fila india se mantuvo sin adelantamientos hasta la pared, pero a partir de ahí cada cual llevó su ritmo.
No me puedo quejar, aunque me adelantaron unos cuantos, pude mantener un ritmo bastante aceptable. Pesaba sobre mi una gran responsabilidad, pues mi guía me había dicho que esa misma tarde bajaría hasta el teleférico que le llevaría a Zermat para coger su coche y marcharse a Chamonix pues al día siguiente tenía unos clientes de buena mañana y debía de guiarlos en una nueva actividad, realmente mi guía tenía una gran forma física. La idea de subir el Cervino para que mi guía llegara a tiempo de coger el último teleférico estuvo presente en mi mente durante todo el tiempo.
La ascensión discurrió sin incidentes, aunque para mi gusto, demasiado rápida, me hubiera gustado parar más para disfrutar de lo que estaba haciendo y de las vistas. No hubo interrupciones y sin parar llegamos a las cimas, pues una vez conseguida la cima suiza, cruzamos la afilada arista nevada hasta la cruz en la cima italiana donde hicimos la única y breve parada para comer y beber algo rápido y sacar alguna de las pocas fotos que pude tomar.

Si la subida fue rápida para mi gusto, en la bajada fueron sucediéndose un rapel tras otro a toda prisa. Tal vez lo que más me impresionó fue bajar la pendiente nevada que corona el Cervino después de hacer cima, pues cualquier error que te hiciera resbalar supondría la caída de 1200 m. por la vertical cara norte, ver el vacío delante de ti mientras bajas esa empinada pendiente es una imagen que no se me olvidará.
Por fin, llegamos al refugio, con tiempo suficiente como para tomarnos una merecida cerveza a precio de hotel de cuatro estrellas. Mi guía consiguió llegar al teleférico a tiempo y yo me quede relajado a pasar la noche para descender al día siguiente tranquilamente y sin prisas.
Todas las actividades descritas en los Alpes, las realicé con las botas BESTARD TREK ALPINE FF en forma muy satisfactoria, sin molestias, cumplieron perfectamente su cometido permitiéndome libertad de movimientos, pues aunque sean unas botas que te protegen del frío, tienen la suficiente elasticidad que hacen sentir que mandas sobre ellas y no te hacen perder el equilibrio.
Tengo que decir que siempre llevaré en la mente la experiencia de la ascensión de una montaña mítica como Cervino, pues aunque ya había subido montañas más altas y exigentes en largas expediciones, esta montaña me puso a prueba en otros aspectos técnicos y mentales.





